martes, 21 de noviembre de 2006

El viaje a Praga (III)

Veamos, estábamos en que llevamos ya un día sin dormir y todavía no hemos ni salido por las calles de Praga. Lo primero que hicimos fue ir a cambiar dinero, ya que el euro, afortunadamente para la población local, todavía no ha llegado para encarecer su estilo de vida en un 66%.

Por indicación de Jacob, nos acercamos a "un cacho banco exagerao" el cual debería ser algo así como el Banco de España; es decir, que transacciones de ese tipo no las hacían. Tras estar a punto de romper la puerta giratoria para entrar, darnos cuenta de nuestro error, y de nuevo estar a punto de romper la puerta giratoria para salir, nos dirigimos a un banco normal, donde pudimos realizar nuestras transacciones crematísticas de un modo normal, si no fuera porque había una banquera (mujer que trabaja en el banco) que no hacía más que despistarnos.

El tranvia a la Malvarossa

Pues entre unas cosas y otras, nos dieron las cuatro. ¿Y qué pasa a las cuatro en Praga? Que se hace de noche. Y nos metimos en un bar. Y el camarero, como si hiciera falta espolearnos, va y nos dice que apuremos los chupitos (de algo cuyo nombre no me acuerdo pero que estaba muy fuerte y sabía a canela), que hay que acabárselo todo. Pues venga, padentro. Puaj qué asco. Necesito una pinta. Recorrimos un poco Praga, llegamos la plaza de Old Square, y cruzamos Karluv Most, o el Puente de Carlos. Resaltar que en esta fase dimos con dos lugares* clave en nuestro viaje: el Bar de los Canteros (Kantzërosvar) y el Alternative Bar (Pôrruv Tutiplënskà). Estos lugares se merecen un post aparte.

A estas que Manoli aterrizó en la ciudad. Una comitiva fue a buscarle, y se produjo un desconcierto de unas dos horas, en las cuales el grupo estuvo dividido en dos facciones: uno que estaba en un bar, y otro que estaba en otro bar. Hasta que al final, uno de los grupos fue al bar Mojito´s o algo así, y allí se reunió con el otro grupo, que casualmente había decidido ir al bar Mojito´s. En dicho establecimiento descubrimos algo que daría un año para comer a los del tomate, el dolce vita y demás escoria: resulta que Espartaco Santoni no está muerto, tiene un garito en Praga. Digo yo que será que se olía lo de la Operación Malaya.

Jacob no pierde el toque.

Tras salir más calientes que un pisto (todavía), y como estábamos al lado, nos metimos en el Roxy, para mí la mejor discoteca de Praga (de las 3 a las que fuimos). Un garito tipo teatro, ambiente alternativo, algún loco que otro, drum n' bass y gente aficionada a las rychlovka. Estuvo muy bien.

En el próximo capítulo: De bares por Praga.

* (en realidad fueron tres lugares. Bueno, realmente fue uno)

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